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Relatos
Los casos de discriminación racista son una constante en la vida de los niños, adolescentes y jóvenes que han migrado solos a España. En este estudio se han recopilado más de 150 episodios de racismo cotidiano que han sido verbalizados en los talleres con los adolescentes y jóvenes. Estos son algunos de los que nos han compartido.
Compras
- Un joven quería comprar un regalo para un amigo en un bazar, pero no sabía qué elegir. Pasó algo más de tiempo de lo normal mirando y dudando entre las opciones. La dependienta, sospechando de su comportamiento, se le acercó y lo acusó en mitad de la tienda de intentar robar.
- Cuando van al supermercado o a alguna tienda se dan cuenta de que les persiguen siempre, mientras que a sus compañeros españoles no les persiguen. En algún establecimiento ellos son los únicos que tienen que entrar sin mochila y sin bolsas, al resto de personas no les ponen problema para entrar con cosas.
- En algunas tiendas de ropa han acabado comprando artículos corriendo y deprisa. Sin que les gustasen. Solo por querer irse pronto de ahí. Se sentían incómodos y molestos porque estuviesen vigilándoles y persiguiéndoles. Además, tampoco podían comprobar si esa prenda les quedaba bien, puesto que o no les suelen dejar pasar a los probadores o les ponen muchos impedimentos.
Médico
- Cuando visitan al médico casi no les toca ni les explora. Les manda paracetamol sin apenas escucharlos y dan la consulta por terminada. Y cuando han ido acompañados de alguna educadora del centro, no se dirigen a ellos.
- En las ocasiones que no conocían suficientemente el castellano y necesitaban tener un intérprete, algunos centros de atención sanitarios no habían puesto interés en ofrecer la posibilidad. Ni aun cuando esta se solicitaba por parte del paciente.
Paseando
- Un día estaban volviendo al centro donde viven corriendo porque llegaban tarde. La policía les paró y directamente les preguntaron qué habían hecho malo para tener que ir por la calle corriendo. Como ellos no respondieron de buenas formas a los policías, uno de ellos le agredió con una colleja a uno de los chicos. Cuando los chicos dijeron que estaban volviendo al centro y que eran menores, la policía les dijo que se fuesen andando y que como les volviesen a ver “alborotando” por la calle iban a tener problemas.
- Si van solos la gente no suele mirarlos mal. Pero cuando van en grupo por la calle les suele pasar que la gente sí los mira mal, sobre todo si los escuchan hablando en árabe entre ellos.
Transporte público
- Siempre que se suben al transporte público notan miradas. Además, cuentan que siempre que se suben al bus las señoras se agarran el bolso. Los asientos de alrededor se quedan vacíos, ya que el resto de los pasajeros no se sientan a su lado y prefieren quedarse de pie.
- En cuanto los ven entrar en el vagón, los revisores van directamente a pedirles los billetes a ellos antes que al resto de pasajeros.
Administraciones e instituciones
- Hacer gestiones, papeleos, trámites o tareas relacionadas con la burocracia les incomoda por el trato que reciben. Sienten que a ellos siempre les tratan mal o peor que a otras personas. Incluso teniendo un buen manejo del idioma y conociendo bien los procedimientos de algunos trámites, se les sigue tratando de forma diferente y peor y que al resto de personas.
Espacios digitales
- Cuando participan comentando en redes sociales o vídeos, también reciben racismo. Después de que un joven pusiese un comentario en un vídeo de una canción en YouTube, la gente vio su foto de perfil y empezó a recibir insultos racistas de cuentas anónimas.
- Uno de los chicos sufrió una agresión racista en el instituto. Después de la confrontación que hubo por quejarse de ese incidente, todos los compañeros de clase le bloquearon y le dejaron de seguir en sus redes sociales.
En el trabajo
- Un joven hacía las prácticas de hostelería en un restaurante. Un día se presentó la inspección de trabajo allí, y al único al que pidieron la documentación fue a él, pese a que había más compañeros de prácticas.
- Uno de los jóvenes trabajaba como repartidor para una empresa de transporte. Conforme realizaba los repartos se fue dando cuenta de que a muchos telefonillos a los que llamaba, cuando le veían por la cámara no le abrían la puerta. Aprendió que tenía que taparlos con la mano para poder cumplir con su trabajo. Una vez en la puerta, cuando algunos destinatarios veían que era una persona negra preferían rechazar el paquete e ir ellos al almacén a recogerlos antes que decirle el DNI a él como repartidor.
Ocio y deporte
- Algunos menores y jóvenes jugando al futbol han escuchado cómo entre otros jugadores se referían a ellos como “el moro”. Y que los padres o el público del partido hablaban de ellos en otros términos diferentes al resto de los jugadores. Un ejemplo es que a los otros de su equipo les insultaban diciéndole "hijo de p***”, pero a él le decían todo eso junto con unos cuantos más insultos relacionados con su origen.
- Un equipo de fútbol de la ciudad en el que jugaba uno de los jóvenes cambió de entrenador. El nuevo entrenador que entró era bastante racista. Entonces, el joven acabó por dejar de ir a entrenar con el equipo porque no le ponía a jugar y hacía comentarios racistas en los entrenamientos.
- Cuando van a locales de ocio, no les dejan entrar poniendo excusas que aplican solo a ellos. El hermano mayor de uno de los adolescentes tuvo que ir a una discoteca a hablar con los porteros para dar la cara por los chicos y que les dejasen entrar. Desde ese día no han tenido problemas para entrar, aunque antes nunca les dejaban entrar. Esta conversación del hermano con el portero fue necesaria para que se acordasen de sus caras y se diesen cuenta de que no son ellos los adolescentes problemáticos.
- En las piscinas, los socorristas les llamaban la atención de forma muy rápida. Por ejemplo, nada más saltar al agua ya recibían un toque de atención. Mientras que con otros chicos españoles que hacían lo mismo eran más permisivos, dejaban que eso pasara más veces ante de llamarles la atención porque estuviesen saltando.
Instituto
- Para la excursión de fin de curso avisaron a todo el mundo para ir menos a él. Cuando el tutor legal del menor se enteró de esta actividad preguntó cómo lo tenía que hacer para apuntarle. Le dijeron que ya no podía. Pero ese mismo día vieron cómo hubo más gente que se apuntó sin problema alguno.
- Un chico fue agredido por motivos racistas, el agresor le dijo que “quería saber qué se siente pegando a un negro”. Después, el resto del instituto hizo el vacío al chico, le excluyeron, aislaron y nadie se puso de su lado. Más tarde, cuando al mismo agresor lo expulsaron por pegar a un profesor, todo el mundo se puso del lado del profesor.
- En alguna ocasión, los adolescentes han pedido ayuda con la traducción del árabe a otros compañeros de clase que eran de origen extranjero, pero nacidos en España o que llevaban tiempo en España con sus familias, y tenían un mejor manejo del castellano. Estos compañeros se habían negado a ayudarles, para evitar que les relacionasen con ellos.
Centros
- En algunos centros donde viven los niños y adolescentes han tenido problemas para poder celebrar el Eid al-Fitr como solían hacerlo. Esto ha generado conflictos y ha acabado en sanciones para ellos.
- Un grupo de adolescentes se encontraban escuchando el Corán en el salón del centro y una persona que trabajaba en el centro les hizo comentarios racistas en clave de humor acerca de terrorismo.
- Algunas veces se utiliza el móvil como castigo o sanción hacia los niños y adolescentes. Esto supone, entre otras cosas, dejarles sin comunicación con la familia en origen. Lo que a veces ha provocado enfados entre ellos y sus familias. Un ejemplo fue, cuando uno de los chicos no pudo felicitar a su familia durante la celebración del Eid al-Fitr por no tener el móvil. Siendo este un día muy importante para su familia y para él.
Vivienda
- Los vecinos del edificio les acusaron de querer robar en sus casas. Solamente por haberse equivocado de planta en el ascensor del edificio y salir en una que no era en la que ellos vivían.
- Sufren mucho rechazo a la hora de intentar alquilar un piso o una habitación y hablar con la propiedad o la inmobiliaria. Les rechazaban al decir su nombre o escuchar su acento. En los casos en los que habían conseguido pasar el filtro del idioma y conseguir concertar una visita, se les rechazaba al ver en persona que son personas racializadas. Poniendo de excusa que minutos antes de que llegasen lo habían alquilado. Los problemas asociados al estigma como jóvenes tutelados llegaban cuando tocaba tramitar el alquiler o al relacionarse con el resto de las personas que habitan la vivienda.
Policía
- Cuando han tenido algún problema llamaban a la policía. Pero al decir su nombre, la policía no aparecía. Sin embargo, cuando decían un nombre español la policía sí les hacía caso.
- Un joven volvía del trabajo en patinete. La policía le paró y le preguntó dónde iba. Cuando el joven les compartió que estaba volviendo de su trabajo, no le creyeron. Le acusaron de robar. Le hicieron mil preguntas. Le registraron su mochila. Al ver el uniforme del trabajo, ya le dejaron marchar.
- Todos los adolescentes han sido registrados por la policía alguna vez. Y algunos comparten que la policía les llega a parar más de una vez al día. Los registros policiales a veces ocurren de camino a clase, al trabajo o en su tiempo libre. En algunos de los casos son los mismos agentes quienes les paran reiteradamente.